Hoy vamos a hablaros de los juguetes sensoriales, pero antes debemos aclarar algunos conceptos sobre la inteligencia y la percepción sensorial. ¿Alguna vez te has preguntado cómo funciona la mente humana? ¿Qué es lo que ocurre dentro de nuestra cabeza? El cerebro, el gran desconocido. Ese rompecabezas que constituye nuestra identidad y es responsable de todas nuestras acciones y pensamientos. La mente está compuesta por millones de diferentes procesos mentales. Complejas acciones que se suceden unas a otras cada segundo del día sin que nos demos cuenta. Percepción, memoria, emoción, toma de decisiones… Todo ello consecuencia de unos cuantos impulsos eléctricos, neuronas e intrincados mecanismos cada vez más sofisticados gracias al proceso evolutivo.

En la actualidad, la mayoría de la población tiene una percepción errónea de lo que es la inteligencia. Si un niño saca buenas notas en el colegio es inteligente, mientras que aquel que suspende es etiquetado de tonto o vago. Es cierto que el colegio permite desarrollar habilidades indispensables tales como el razonamiento lógico, la memorización o el trabajo constante. Pero, ¿es eso todo? Lo cierto es que hay mucho más de lo que se evalúa en los diferentes sistemas educativos –algunos mejores que otros– tan enfocados en que el niño plasme cientos de caracteres en un papel que la semana siguiente apenas recordará. Y aunque la capacidad de memorización es un proceso mental de innegable valor, no es el único que se ha de trabajar.

La percepción sensorial, la habilidad olvidada

Nadie considera nunca la importancia de la percepción sensorial. Esta no ha de confundirse con la capacidad de sensación, es decir, la capacidad de recibir estímulos. Por ejemplo, cuando los ojos reciben luz del exterior. La percepción por otro lado decodifica esos estímulos recibidos e identifica la relación existente entre ellos. En este caso, la mente reconoce que la información captada a través de los ojos es un paisaje.

Puede que el concepto parezca un poco enrevesado a primera vista. Sin embargo, hay sencillos ejemplos que muestran con claridad dicha distinción. Uno de ellos sería la prosopagnosia, una enfermedad cerebral por la cual el individuo es incapaz de reconocer caras familiares. En esta situación, la persona puede ver las caras que tiene enfrente, ya que no se trata de un problema de ceguera, de sensación. Sino que es su percepción sensorial la que falla. Su mente no es capaz de reconocer las caras, de captar la información que le proporcionan sus ojos.

El valor de los cinco sentidos

El ser humano posee cinco sentidos, todos ellos de igual importancia y responsables de diferentes funciones. Contemplar una hilera de árboles perderse en la distancia, oír el piar de las aves, oler la lluvia en la hierba, sentir la rugosidad del tronco más cercano o saborear las manzanas de sus ramas. Sensaciones que tienen lugar a cada momento del día y que, por el hecho de ser cotidianas, quedan infravaloradas. No es únicamente que los sentidos aporten mucho más que colores, sonidos, olores, sabores o texturas. El oído está involucrado en la dirección, el equilibrio y el movimiento, y el tacto mide la temperatura y la presión. Es el hecho de que la percepción sensorial es un elemento clave para la supervivencia de todo animal y la llave para descubrir la belleza del mundo que nos rodea. Es también una habilidad que ha de trabajarse desde la tierna infancia para que los niños puedan desarrollar sus capacidades cognitivas en su mayor extensión.

Como se ha mencionado previamente, la percepción sensorial no obtiene la atención que debería. Es más, en muchos centros y hogares es dejada de lado, marginada en una esquina, mientras otros procesos mentales, tales como la memorización, caen bajo el foco de padres y educadores, llevándose todo el protagonismo. Es por esto que aquí traemos algunos juguetes sensoriales –cajas de luz para la vista, bandejas sensoriales para el tacto y el olfato–, juegos especializados en estimular los sentidos del niño.

Los juguetes sensoriales, ideales para niños con alguna discapacidad sensorial

La percepción sensorial es el primer paso en todo proceso mental. Nuestra mente obtiene información, la almacena y juega con ella en nuestra cabeza. Dicha información es obtenida a través de los sentidos, por lo que el ser humano en general cuenta con cinco fuentes distintas de información que, sin embargo, colaboran entre ellas y están muy estrechamente relacionadas. Por ejemplo, los olores influyen en la percepción del sabor, lo que se denomina como derivación olfativa.

Alguna vez habrás oído a alguien decir ¿qué sentido crees que es el más importante? O, ¿sin qué sentido sería más fácil vivir? No son preguntas fáciles, ni hay una respuesta correcta. La verdad es que todos los sentidos son importantes y necesarios para la vida diaria. Ha de decirse que la vista o el oído suelen aparecer como aquellos sentidos a los que uno nunca renunciaría, pero experiencias recientes en la pérdida del olfato y del gusto –síntomas de la COVID– han causado que la gente vuelva a valorar esos sentidos menos apreciados.

Pero el decir que todos los sentidos son importantes no significa que aquella persona que posea alguna discapacidad visual o auditiva no pueda disfrutar de una vida plena, simplemente diferente. La mente es sabia y ante la carencia de un sentido produce un mayor desarrollo de los otros cuatro. Estos juguetes sensoriales son la herramienta ideal para trabajar los sentidos y compensar así la falta de alguno de ellos. Por ejemplo, la caja de luz, aparte de fomentar la imaginación, se recomienda a aquellos niños con dificultades auditivas, volviéndose así más hábiles en la percepción visual. Otro producto de nuestra tienda es la bandeja de elementos naturales que cuenta con objetos que se pueden tocar y oler, además de que permiten al infante explorar y explotar su creatividad.

En conclusión, dominar la percepción sensorial es indispensable para el desarrollo de todo niño. Clave en el aprendizaje. Pues un niño no aprende a no tocar el fogón de la cocina únicamente oyendo que es peligroso, sino que lo comprende tras oírlo, observar a otro individuo y recordar la sensación de una quemadura anterior.