Tener hijos es una de las decisiones más importantes en la vida de una persona. No hay vuelta atrás. Significa el comienzo de una aventura, muchas veces dura y llena de obstáculos, pero que no deja de ser gratificante. Pues, ¿a quién se quiere más que a un hijo? ¿No merece todo la pena cuando sostienes a esa pequeña criaturita en tus brazos por primera vez? Cómo una sonrisa, una palabra o un abrazo pueden iluminar un día gris.

Pero ser padre no es una decisión que se haya de tomar a la ligera. Va más allá de tener un mini yo correteando por el salón. Es una responsabilidad. Y a veces no sabrás qué hacer. Te sentirás confuso, frustrado, enfadado y perdido. En cualquier caso, enseguida habrás comprobado que escoger este camino desencadena mil interrogantes más que respuestas y que no siempre está claro cuál es la mejor forma de actuar.
No existen unas instrucciones universales que nos indiquen los pasos a seguir para convertirte en el mejor padre del mundo. Es más, la crianza de un hijo varía enormemente de una cultura a otra, de una generación a la siguiente. Aquí os presentamos la crianza natural, una forma de crianza diferente al estilo tradicional. Mientras que la mayoría de las generaciones pasadas han crecido en un ambiente enfocado en la obediencia, el respeto a la autoridad y los castigos y recompensas como forma de aprendizaje, la crianza natural defiende otros valores completamente diferentes.

¿En qué se diferencia la crianza tradicional de la crianza natural?

La crianza tradicional ve a los hijos como seres rebeldes e irracionales que harían cualquier cosa por desobedecer a sus padres y a los que hay que adiestrar. Según esta visión, es extremadamente importante la presencia de unas reglas estrictas, la obediencia ciega a la autoridad (en este caso los padres) y el miedo al castigo.

La crianza natural, por el contrario, considera a los niños como seres racionales en época de aprendizaje. Se basa en el respeto y la confianza mutua entre padres e hijos y donde se tiene muy en cuenta el estado emocional del niño, a quien se le motiva a aprender por sí mismo, a descubrir su identidad y a tomar sus propias decisiones. Esto no significa que los hijos puedan hacer lo que quieran. Que tengan total libertad. Esa es una concepción errónea de la crianza natural y uno de los principales ataques por parte de los más escépticos o aquellos padres con miedo a probar técnicas más innovadoras. La crianza natural no es sinónimo de consentir a los hijos. Simplemente defiende una relación donde el diálogo y la comunicación desempeñan un papel fundamental.

En vez de establecer unas normas estrictas sin lógica aparente (para el niño), los padres a favor de la crianza natural quieren ser un modelo para su hijos, explicar el porqué de sus decisiones. Un padre defensor de este estilo de educación no considera que tener que dar explicaciones quite autoridad, ni lo ve como una justificación de sus acciones. El mantener una conversación fluida y abierta permite estrechar lazos y crear una relación basada en la confianza y el cariño.

Los orígenes de la crianza natural

Uno de los principales temas de interés en el campo de la psicología es el desarrollo del ser humano desde su concepción hasta la edad adulta. Se han llevado a cabo muchos experimentos a lo largo de los años para demostrar teorías que nos han permitido formular nuevas técnicas de crianza. Dos de las más conocidas (y en las que se basa la crianza natural) son la teoría de la madre suave de Harlow y la teoría del apego de Bowlby.

Teoría de la madre suave

Un mono de metal y pinchos con un biberón. Otro mono hecho de tela suave sin comida. ¿Cuál prefieren las crías de mono? Este es el experimento que Harlow llevó a cabo en 1958. Los resultados mostraron cómo las crías se acercaban únicamente al primer mono cuando necesitaban alimento, pero en general no se separaban del mono de tela.

Hasta ese momento, se creía que la relación entre padres e hijos se basaba únicamente en nuestro instinto de supervivencia. Los padres son quienes proporcionan comida. Sin embargo, este experimento demostró que los humanos (al igual que los monos), nos sentimos atraídos por quien nos dan una sensación de seguridad y cariño.

Teoría del apego

Bowlby, tras observar el experimento de Harlow, desarrolló una teoría que mostraba la importancia de una buena y sana relación entre una madre (o padre) y su hijo. Estipulaba que, si esta situación no se daba, afectaría al correcto desarrollo del niño.

¿En qué consiste exactamente la crianza natural?

Aquellos padres que deciden optar por la crianza natural suelen aplicar las llamadas 8 B ‘s. Estas no son reglas que se deban cumplir sí o sí o que todo padre decida aplicar, pero recogen en su conjunto todos los valores que la crianza natural sostiene:

Birth bonding: crear lazos desde el inicio. Coger al bebé nada más nacer y colocarlo en el pecho de la madre.

Breastfeeding: lactancia materna a demanda hasta que el niño la abandone de forma natural.

Babywearing: en vez del uso de carritos, llevar al bebé en brazos.

Beding close to baby: dormir con el bebé cerca (incluso en la misma cama).

Belief in the language value of your baby’s cry: los bebés no lloran como acto de rebeldía, no hay que acostumbrarlos a que dejen de llorar “porque la vida es dura”, sino atender a sus necesidades, pues es la forma que tienen de comunicarse.

Beware of baby trainers: relación basada en el diálogo, la confianza y la comunicación. No en la imposición de reglas estrictas.

Balance: una relación de igualdad entre padres e hijos, que antepone las necesidades de los hijos (lo que no es sinónimo de conceder todos los caprichos). Los hijos aprenden de los padres tanto como los padres de los hijos.

Both: implicación de ambos padres en la crianza del niño.

En conclusión, aplicar una crianza natural no es fácil. Es más, requiere mucha dedicación y atención, algo especialmente difícil cuando se tiene un trabajo y mil responsabilidades más. Es por esto que el tener hijos es una decisión que se debe meditar seriamente. Pese a todo, dar lo mejor de uno mismo es lo más importante. Se cometerán errores, pero, ¿quién no se ha equivocado alguna vez? Como hemos indicado, un bebé no se limita a comer y dormir. Necesita sentirse seguro y querido. Aquí os presentamos algunos productos relacionados con la crianza natural como muselinas, mordedores o sonajeros, que le proporcionarán a vuestro niño o niña esa sensación de seguridad y cariño que todos buscamos, presente en nuestra naturaleza humana.