La psicomotricidad fina consiste en el desarrollo y control de esos movimientos pequeños, precisos y coordinados que nuestro cuerpo es capaz de ejecutar. Por ejemplo: escribir o tocar el índice con el pulgar de la mano. Por regla general, cuando hablamos de la psicomotricidad fina, solemos hacer referencia a las diferentes acciones efectuadas con las manos. Lo cual tiene sentido; para realizar la mayor parte de nuestras tareas cotidianas utilizamos las manos. Sin embargo, la psicomotricidad fina no está limitada a esta parte del cuerpo, sino que incluye una gran variedad de huesos, músculos y nervios tales como los pies o la lengua.

Desarrollo de la psicomotricidad fina

Es extremadamente importante que los niños comiencen a desarrollar sus habilidades motoras desde una temprana edad. Con habilidades motoras englobamos tanto la motricidad gruesa (incluye gestos y movimientos grandes, tales como agitar las manos en el aire) como la motricidad fina.

Observar el nivel de control motor de nuestro infante nos ayudará a determinar en que etapa del desarrollo se encuentra. La mejora de esta habilidad se debe a tres factores diferentes: tiempo, enseñanza y práctica. Por regla general, los niños adquirirán un mayor control de su cuerpo según vayan cumpliendo años. De forma natural, un niño de 4 años (a menos que padezca alguna enfermedad específica) posee un mayor nivel de coordinación motora (tanto gruesa como fina) que un bebé de 6 meses.

Sin embargo, esto no quiere decir que debamos dejar que la naturaleza siga su curso y los niños aprendan a desarrollar sus habilidades por sí solos. Como todo en la vida, cuanta más práctica, más control y perfección. Es nuestra responsabilidad como padres asegurarnos de que nuestros hijos logran explotar al máximo todas sus capacidades y habilidades.

A continuación, te comentamos por qué es esencial que ayudes a tus hijos a lograr una mayor destreza en la psicomotricidad fina y cuáles son las consecuencias de no hacerlo. Finalmente, te comentamos algunas formas sencillas para que tus peques practiquen la psicomotricidad fina en casa.

Beneficios de un buen desarrollo de la psicomotricidad fina

El que nuestros hijos tengan un mayor control de sus movimientos conlleva numerosas ventajas. Desde hablar hasta comer, casi todas nuestras acciones están marcadas (en cierto grado) por movimientos precisos. Por ejemplo, un niño con un mayor nivel de psicomotricidad fina tendrá más facilidad para:

-Sujetar el tenedor y la cuchara (y por tanto comer).
-Vestirse solos.
-Atarse los cordones.
-Subir o bajar una cremallera.
-Lavarse los dientes.
-Hacer manualidades (recortar, crear formas, etc.)
-Dibujar con precisión y pintar sin salirse.
-Sujetar un lápiz y escribir.

El poder realizar estas actividades por sí mismo ayudará a que tu niño se vuelva más independiente, disfrute de una mayor autonomía y se sienta más seguro de sus acciones. Además, el dominio de la psicomotricidad fina le ayudará a mejorar otras habilidades, indispensables en nuestra vida, tales como la coordinación. En conclusión, si te aseguras de que tu hijo trabaja desde pequeño en su psicomotricidad fina, garantizarás que se desarrolle de forma correcta y de que, una vez alcanzada la adolescencia y la edad adulta, disfrute de un perfecto control motor.

¿Qué ocurre cuando nuestros hijos no practican esta habilidad?

La psicomotricidad fina se basa en la coordinación de los músculos, huesos y nervios de nuestro cuerpo. Es por esto que cualquier clase de deterioro de nuestro cerebro, médula espinal, nervios periféricos, músculos o articulaciones, resulta en un menor nivel de psicomotricidad fina. Un ejemplo muy claro es la enfermedad de Parkinson (enfermedad que afecta al cerebro) y que tiene como consecuencia una pérdida de psicomotricidad fina. Las personas con esta enfermedad tienen mayor dificultad a la hora de comer, hablar, escribir… hasta el punto de no poder controlar sus movimientos.

Y, aunque el que tus hijos no practiquen la psicomotricidad fina no tiene consecuencias tan drásticas, sí que puede ralentizar su desarrollo y derivar en problemas como la disgrafía (dificultad para escribir).

Algunas formas sencillas para que tus hijos mejoren su habilidad de psicomotricidad fina en casa.

La psicomotricidad fina se suele desarrollar entre los 3 y 6 años de edad. En los colegios, en la denominada etapa de infantil, el niño trabaja todas sus capacidades (lógica, social, motora, creativa, etc). Por desgracia, la reciente pandemia del coronavirus provocó que los colegios cerraran durante casi medio curso escolar en 2020.

Esta situación, pese a ser perjudicial para los niños y adolescentes de cursos superiores, no ha sido tan dura como para los más pequeños, que se encuentran en un momento clave de su desarrollo. No pueden permitirse el no trabajar estas habilidades y tampoco pueden ayudarse de las nuevas tecnologías para hacerlo.

Creemos que, con o sin pandemia, tu rol como padre es esencial para que tu hijo trabaje su psicomotricidad fina. Sin embargo, en esta era del coronavirus tu papel es más importante que nunca.

Antes de nada, no te agobies. Seguramente estés pensando: tengo mil responsabilidades, ¿cuándo le voy a dedicar el tiempo y la energía a mi niño? Para empezar, el simple hecho de tener un hijo ya te roba tiempo y energía de por sí, pero aquí te mostramos algunas actividades que tus niños pueden probar para mejorar su psicomotricidad fina y al mismo tiempo te dejen teletrabajar. Por otra parte, también puede ser un tiempo en familia para crear recuerdos con tu hijo o hija.
Actividades

-Apilar bloques.
-Dibujar estrellas o círculos.
-Recortar figuras.
-Pintar sin salirse de las líneas.
-Crear formas con plastilina.

Como puedes observar, no se necesitan muchos materiales y es una forma de que el niño se entretenga y practique. Recuerda que el nivel de dificultad debe ser acorde a su edad (los niños de 4 años son más expertos y precisos que los de 2) y es por tanto que las tareas deben irse complicando con el paso del tiempo. Tu peque no necesita más que la capacidad de conocimiento y planeación, sensibilidad en sus extremidades, un nivel de fuerza normal y coordinación para poder aprender y practicar la psicomotricidad fina y llegar tan lejos como se proponga.